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Un día, para poder ayudar un
poco, la mujer joven decidió hacer un tejido y su marido
le construyó un telar detrás de la casa. Antes de
empezar su trabajo ella pidió a su marido prometerla nunca
entrar al cuarto.
Él lo prometió. Tres días y tres noches trabajó
ella sin parar y sin salir del cuarto. Casi muerta parecía
cuando la mujer joven por fin salió, pero a su marido le
presentó un tejido hermoso. El lo vendió y consiguió
un buen precio.
El dinero les duró bastante
tiempo pero cuando se acabo todavía seguía el invierno.
Ya que, otra vez se puso a tejer la mujer joven, y otra vez su marido
le prometió no entrar al cuarto. Fueron no tres sino cuatro
días cuando ella, viendose peor que la vez siguiente, salió
del cuarto y le dió a su marido un tejido de tan gran maravilla
que al venderlo en el pueblo, consiguieron dinero suficiente para
dos inviernos duros.
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