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Más seguros para el futuro
que nunca, desafortunadamente el hombre se hizo ávaro. Tormentado,
tanto por el deseo de ser rico como por los vecinos siempre preguntándole
que cómo se podía tejer sin comprar hilo, el joven
le pidió a su señora hacer otro tejido. Ella pensaba
que tenian bastante dinero y que no había necesidad, pero
el avaricioso no dejaba de insistir, entonces después de
recordarle a su marido la promesa, la mujer se metió en el
cuarto a trabajar.
Esta vez la curiosidad no le dejaba
al hombre en paz. Ignorando su promesa, fue al cuarto donde su señora
trabajaba y abrió un poquito la puerta. La sorpresa de lo
que vió le hizo escapar un grito. Manejando el telar estaba
no su señora sino un pájaro hermoso, cual de las plumas
que se iba arrancando de su propio cuerpo hacía un tejido
igualmente hermoso. Cuando el pájaro al oirle gritar, se
dió cuenta de que alguien la miraba dejó de trabajar
y de repente su forma se convirtió a la de la mujer joven.
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Entonces, ella le
explicó su historia, que ella era esa grulla a la que él
ayudó y que agradecida, se convirtió a mujer, y que
empezó a tejer para ayudarle a no ser pobre, esto a pesar
del sacrificio que tejer con las plumas de su propio cuerpo le costaba.
Pero, ahora que él sabía su secreto, tendrían
que dejar de ser juntos. Al oir esto, el prometió que la
quería más que todo el dinero del mundo, pero ya no
había remedio. Cuando acabó su historia, ella se convirtió
a grulla y voló hacia el cielo.
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