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Issunboshi le dió gracias a
la hormiga y camino por entre los dientes de león y los girasoles
hasta llegar al río. Allí el plato de sopa que usaba
como paráguas se convirtió ahora en barco y el palillo
en palo para empujar, e Issunboshi se embarcó sobre el río.
Despues de un rato llegó a un puente grande sobre el cual
había mucha gente. Al ver esta multitud, Issuboshi se imaginó
que está era la capital y se bajó del barco.
La capital era muy grande, llena con
muchísima gente de aspecto muy ocupado. Para el pequeñito
Issunboshi era un sitio peligroso, ya que a cualquier momento alguien
podría pisarle sin ni darse cuenta. Issunboshi pensó
que tendría que tener mucho cuidado, y que sería mejor
caminar por las calles mas calladas. Mientras se paseaba dió
con una casa grande; era la residencia de un rico y poderoso señor.
Issunboshi se presento al portal y llamó:
"¡Por favor! ¿Hay alguien?"
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