Issunboshi

El viejecito y la viejecita se sentian tristes al oir esto, pero le dieron un plato de sopa, un palillo de comer y una aguja y le desearon buena suerte. El chiquitito se puso el plato de sopa como gorro, la aguja como espada en la cintura y el palillo como caña de caminar y se fué.
Caminaba y caminaba pero la capital quedaba muy lejos. En medio camino se encontró con un una hormiga y le preguntó si la ciudad estaba aún lejos.
La hormiga contestó:

"Vaya a través de los dientes de león, cruza el campo de girasoles, y siga hacia el río."

Issunboshi le dió gracias a la hormiga y camino por entre los dientes de león y los girasoles hasta llegar al río. Allí el plato de sopa que usaba como paráguas se convirtió ahora en barco y el palillo en palo para empujar, e Issunboshi se embarcó sobre el río. Despues de un rato llegó a un puente grande sobre el cual había mucha gente. Al ver esta multitud, Issuboshi se imaginó que está era la capital y se bajó del barco.

La capital era muy grande, llena con muchísima gente de aspecto muy ocupado. Para el pequeñito Issunboshi era un sitio peligroso, ya que a cualquier momento alguien podría pisarle sin ni darse cuenta. Issunboshi pensó que tendría que tener mucho cuidado, y que sería mejor caminar por las calles mas calladas. Mientras se paseaba dió con una casa grande; era la residencia de un rico y poderoso señor. Issunboshi se presento al portal y llamó:
"¡Por favor! ¿Hay alguien?"

Un hombre se asombró pero no vió al pequeñito Issunboshi y volvió murmureando: "Pensé que oí alguien pero no hay nadie.: