Erase una vez un viejecito y una viejecita.
Nunca pudieron tener niños, y esto les hacia sentir muy tristes,
tal que le pidieron a los dioses que le dieran un niño: "Aunque
no fuera ni más grande que un dedo, estaríamos contentos."
Y un día, tuvieron un bebe tan alto como un dedo. El viejecito
y la viejecita estaban muy contentos, tanto tiempo habían esperado.
Al bebé le llamaron "Issunboshi", que quiere decir pequeño
y chiquitito, y le cuidaron con mucho cariño. Los años
pasaron pero Issunboshi no crecía. A los tres años de
edad, a los cinco, a los diez, simpre tenia la misma talla que tuvo
el día que nació, es decir la talla de un dedo. Sus
papás se preocupaban mucho por esto, le hinchaban de comida
e hicieron todo lo posible, pero sin remedio. El chiquitito no crecía
ni un pelo. |
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| Tan pequeñito era
Issunboshi que no podía ayudar a la viejecita en la casa, y
al salir al campo con el viejecito Issunboshi solamente podia portar
una brizna de hierba a la vez. Issunboshi era buen cantante y bailarín,
pero a pesar de esto le caía muy mal el no poder ayudar a sus
papás. Además, los otros niños del pueblo siempre
se reían de él y le llamaban enanito. Todo esto lo dejaba
muy triste y decidió hacer un viaje. Le dijo al viejecito y
la viejecita: "He decidido ir a la capital para buscar empleo." |
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