Pastorcita perdió sus
ovejas, y ¡quien sabe por donde andarán¡
No te enfades, que oyeron tus quejas y ellas
mismas bien pronto vendrán. Y no vendrán solas, que traerán sus colas, y ovejas y colas
gran fiesta darán.
Pastorcita se queda dormida y soñando las oye
balar, se despierta y las llama enseguida: ¡ovejitas, vengan ovejas¡, y engañada se
tiende a llorar.
No llores, Pastora, que niña que llora bien
pronto la oímos reír y cantar.
Levantose contenta, esperando que ha de verlas
bien presto quizás, y las vio, mas dio un grito observando que dejaron sus colas atrás:
¡Ay, mis ovejitas, pobres raboncitas¡ ¿Dónde están mis colas? ¿No las veré más?
Pero andando por todo el rebaño, otro grito
una tarde soltó, cuando un gajo de un viejo castaño cargadito de colas halló.
Secándose al viento, dos, tres, hasta cien, allí una tras otra colgadas las vio.
Dio un suspiro y un golpe en la frente, y
ensayó cuanto pudo inventar, miel, costura, variado ingrediente, para tanto rabón
remendar.
Busco la colita de cada ovejita y al verlas
como antes se puso a bailar.