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Wendy,
Michael y John eran tres hermanos que vivían en las afueras de Londres. Wendy, la mayor,
había contagiado a sus hermanitos su admiración por Peter Pan. Todas las noches
les contaba a sus hermanos las aventuras de Peter.
Una noche, cuando ya casi dormían, vieron una lucecita moverse por
la habitación. Era Campanita, el hada que acompaña
siempre a Peter Pan, y el mismísimo Peter. Éste les propuso viajar
con él y con Campanita al País de Nunca Jamás, donde vivían los Niños
Perdidos...
- Campanita los ayudará. Basta con que les eche un poco de polvo
mágico para que puedan volar.
Cuando ya se encontraban cerca del País de Nunca Jamás, Peter les señaló:
- Es el barco del Capitán Garfio. Tengan mucho cuidado con él.
Hace tiempo un cocodrilo le devoró la mano y se tragó hasta
el reloj. ¡Qué nervioso se pone ahora Garfio cuando oye un tic-tac!
Campanita se sintió celosa de las atenciones que su amigo tenía
para con Wendy, así que, adelantándose, les dijo a los Niños Perdidos
que debían disparar una flecha a un gran pájaro que se acercaba
con Peter Pan. La pobre Wendy cayó al suelo, pero, por fortuna,
la flecha no había penetrado en su cuerpo y enseguida se recuperó
del golpe.
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