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Wendy
cuidaba de todos aquellos niños sin madre y, también, claro está de sus hermanitos y
del propio Peter Pan. Procuraban no tropezarse con los terribles piratas, pero éstos, que
ya habían tenido noticias de su llegada al País de Nunca Jamás, organizaron una
emboscada y se llevaron prisioneros a Wendy, a Michael y a John.
Para que Peter no pudiera rescatarlos, el Capitán Garfio decidió
envenenarlo, contando para ello con la ayuda de Campanita,
quien deseaba vengarse del cariño que Peter sentía hacia Wendy.
Garfio aprovechó el momento en que Peter se había dormido para echar
en su vaso unas gotas de un poderosísimo veneno.
Cuando Peter Pan se despertó y se disponía a beber el agua, Campanita,
arrepentida de lo que había hecho, se lanzó contra el vaso, aunque
no pudo evitar que la salpicaran unas cuantas gotas del veneno,
una cantidad suficiente para matar a un ser tan diminuto como ella.
Una sola cosa podía salvarla: que todos los niños creyeran en las
hadas y en el poder de la fantasía. Y así es como, gracias a los
niños, Campanita se salvó.
Mientras tanto, nuestros amiguitos seguían en poder de los piratas. Ya estaban a punto
de ser lanzados por la borda con los brazos atados a la espalda. Parecía que nada podía
salvarles, cuando de repente, oyeron una voz:
- ¡Eh, Capitán Garfio, eres un cobarde! ¡A ver si te atreves conmigo! |
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