La princesa y el garbanzo
Un joven príncipe deseaba casarse pero con una princesa de verdad. Había recorrido los siete mares, escalando todas las montañas del mundo y peleando con los más fieros dragones, para poder encontrar a una princesa de verdad, pero no había tenido éxito.
Además de que no eran verdaderas princesas, todas tenían un defecto: unas eran gordas; otras eran muy flacas; otras muy altas; otras muy bajitas; algunas tenían la nariz muy grande; otras muy pequeña. En fin.
Luego de cinco años de búsqueda, el príncipe volvió a su reino muy triste y dijo que en el mundo no había princesas.
Luego de ésto, decidió subir a la torre más alta del castillo y se encerró.
Días más tarde, en un día con una fuerte tormenta, alguien tocó la puerta del palacio.
Como los criados estaban muy asustados por los rayos que caían por la tormenta, el propio Rey debió abrir la puerta.
Cuando lo hizo, vio a una hermosa jovencita con un hermoso vestido de seda azul tejido con hilos de oro y zapatillas de cristal.
La muchacha estaba totalmente mojada y sus zapatos botaban agua cada vez que daba un paso.
Además las trenzas hechas con su hermoso cabello negro se habían convertido en dos cataratas por las que caían chorros de agua.
"Su majestad, yo soy una princesa y estoy perdida. ¿Podría pasar la noche en su palacio?", dijo la joven haciendo una reverencia.
"¿Una princesa?, pensó el Rey. Pues vamos a ver si es cierto".
El Rey llevó a la princesa a uno de los cuartos para que se cambiara las ropas húmedas.