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El niño, para el pleno desarrollo de
su personalidad, necesita amor y comprensión.
Lo
más conveniente para el buen desarrollo del niño
es el cuidado de sus padres. Si esto no pudiera ser posible, la
sociedad deberá encargarse de brindarle al niño
todo lo necesario. Siempre que sea posible, deberá
crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y, en
todo caso, en un ambiente de afecto y seguridad moral y material;
salvo circunstancias excepcionales, no deberá separarse
al niño de corta edad de su madre. La sociedad y las autoridades
públicas tendrán la obligación de cuidar
especialmente a los niños sin familia o que carezcan de
medios adecuados de subsistencia. Para el mantenimiento de los
hijos de familias numerosas conviene conceder subsidios estatales
o de otra índole.
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